dentro de mis gustos: la escritura

Madrugada en Zapotitlán
Ya escucho el ladino canto del primer gallo, ya se oyen las respuestas a lo lejos, tal vez sea por el lado del mundo al revés, un sonido lejano pero perfectamente percibido, de repente comienza la sinfonía sonora de los del barrio alto, y los del palcojote, los del arriero y los del pueblo nuevo no pueden quedarse atrás, de repente el pueblo se hunde en una sola melodía dirigida por la hora matinal en donde apenas el murmullo del viento acaricia mi mejilla, es el puro aire que abunda y cubre al pueblo que duerme y sueña, es el viento que se lleva los males allá muchas barrancas alejadas de este lugar, de repente un burro entra a hacer compañía al canto de los gallos, parece que rompe con la organización de la orquesta, pero los gallos valientes y temerarios hacen sentir la vida con su canto que sale y corre por las calles empedradas, que rebota en las pocas paredes de adobe que aún subsisten a pesar de tanto golpe y zangoloteo, pasa por los pequeños arbustos que con suavidad mecen sus ramas al ritmo del canto y del viento, ya bajando por las laderas y arroyos, por hondas y agrietadas barrancas que rodean y envuelve a mi pueblo que se libra del ruido mórbido de las grandes ciudades.
Mientras Zapotitlán duerme custodiado por los dos colosos al norte que atentos y siempre juguetones miran desde arriba la paz que aquí se respira, la sierra de Manantlán al sur con su misticismo guarda los recuerdos ya pasados, las historias no contadas, mi pueblo sereno sigue dando sus últimas instantes de sueños, ya se escucha el motor del molino que antes que despunte la aurora comienza a trabajar para dar de comer a un pueblo que por sus venas corre maíz y mezcal, las señoras con su rebozo tapan sus hombros mientras que dejan que el viento salude su rostro lleno de arrugas que son los caminos ya seguidos, los pasos ya andados, tantas historias y sabiduría que por sus arrugas viajan.
La sinfonía va disminuyendo poco a poco, señal que en unos instantes los primeros rayos del sol se asomarán a un costado del guardián de fuego, rayos que se derramarán ahuyentando las sombras de la noche que tendrán que esperar unas horas en las cuevas y barrancas de esta región.
Poco a poco la noche empaca sus sabanas ya es la hora de retirarse mientras que el sol extiende su larga cabellera de oro que deja caer por toda la llanura, es un nuevo día en Zapotitlán es ese pueblo en donde todo es paz y vida para el que sabe escuchar el sonido de la existencia.
Por el momento el gallo saldrá a relucir su garganta y su pecho erguido, preparará sus notas para el siguiente canto que anunciará las tres de la tarde.

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